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COLLSEROLA AYER Y HOY


El mundo animal

ARDILLAS
La reforestación del macizo a lo largo del siglo XX ha facilitado, junto a los avanzados edictos locales prohibiendo su caza, la proliferación de las emblemáticas ardillas. Aunque toleran la cercanía de los humanos durante sus juegos y persecuciones, no se confían tanto como para comer de la mano, como puede ocurrir en el centro de Europa. Sorprende su presencia esporádica pero reincidente en el bosque cerca del Torrent de les Monges, en Sarrià. Comen piñones de Pinus halepensis, entre otros frutos secos, que devoran totalmente, a diferencia de las ratas.

CABRAS
Hace cincuenta años había grandes rebaños de cabras que pastaban al menos por la vertiente SE del macizo. Ocupaban un buen tramo de la calle mayor de Sarrià al retirarse hacia la cuadra, situada algo por encima de la calle del Instituto Químico. Podía haber más de trescientas. Se culpaba entonces a los cabreros de los incendios frecuentes en Vallvidrera. Sin embargo, años después, confidencialmente, personas allegadas los exoneraban con toda rotundidad. El pastoreo podía haber mermado la capacidad de regeneración del bosque. Sin las cabras, ha habido una mayor regeneración forestal. Algunos prados albergan ahora una gran cantidad de maleza. En los bosques, las máquinas trituradoras han reemplazado a las cabras en la limpieza forestal de los márgenes. Precisamente, tratando de seguir la norma tan poco aplicada y ya casi olvidada de reservar cortafuegos de 30 m alrededor de las casas situadas en medio de masas forestales, algunos propietarios utilizan los servicios de las cabras para mantener limpia de maleza dichas áreas. Recientemente (2000) se permite el pastoreo de rebaños de ovejas y cabras, cuyos rediles están en el valle de Sant Just o en otros.

JABALÍS
La población de jabalíes de Collserola parece ser notable, a la vista de los frecuentes encuentros con los paseantes. Se cuenta que una madre y algún jabato penetraron en una panadería de la calle mayor de Sarriá, hace ya unos cincuenta años. Más recientemente, se ha visto alguna procesión de vehículos policiales, helicóptero incluido, acompañando o guiando a un grupo de jabalís desde la ciudad, por la carretera, hacia la zona forestal del parque. Puede asustar mucho oír pasos en la oscura noche justo detrás de uno, sin poder vislumbrar su origen. De golpe, un potente roce en las pantorrillas despierta los más terribles escalofríos. Uno sale de la pesadilla justo cuando ve a un precioso rayón emerger de la hierba alta y tupida. Él se deleita olisqueándolo a uno, mientras la madre, al descubrirlo, empieza a protestar. Cuando una familia de jabalíes penetra en un huerto, como ha ocurrido alguna vez en Pedralbes, puede provocar grandes destrozos en las hortalizas. No suelen alejarse mucho de las masas forestales. Algunos aceptan comida y hasta caricias de los paseantes. Gustan mucho de las raíces del Dondiego de Noche (Mirabilis jalapa), tan ricas en ácido cafeico, además de otras “delicias” del bosque ricas en taninos. La desaparición de las orquídeas puede relacionarse tanto con la reforestación como con la sobrepoblación de jabalíes. Por cierto que, en Collserola, éstos suelen tener el hocico mucho más largo y estrecho de lo normal. Podría tratarse de una coevolución que incluiría, entre otros factores, a la abundancia in crescendo de zarzales. Según algunos cazadores, los jabalís comen los condones que hallan por el suelo, pues en su estómago aún descubren sus restos al desollar al animal. La confianza que tienen algunos animales que están acostumbrados a tomar comida de ciertas casas de la periferia es muy grande. Saben decantar las papeleras para comerse los restos de bocadillos. Y esperan, agitando la cola, a quien se les acerca llevando una bolsa de plástico. Creen que va a abrirla para darle de comer. Reconocen tu voz humana si alguna vez les has dado de comer. Algunos se dejan acariciar por personas especialmente pacíficas. Otros son muy agresivos y llegan a matar a jabatos o rayones de su parentela, a golpes de colmillo; pueden ser los mismos que devoran patos y otras aves de compañía en algunas fincas. Los perros no suelen quedar muy bien parados después de algún encontronazo para curiosear entre los jabalís.

ZORROS
El zorro común no se deja ver fácilmente de día. En la finca del marqués de Sentmenat, rebautizada por los socialistas como “Can Sentmenat”, pueden ser vistos de noche. Allí comen frutos de Viburnum tinus, que llegan a teñir sus excrementos. Después de las nevadas, es muy fácil seguir el rastro del zorro. Llega algún año a penetrar por las fincas próximas al Torrent de les Monges, en Sarrià. El ejemplar macho que merodea por el collado de Collserola tiene un aspecto saludable, aunque triste. Dicen que come de la mano, en algunas casas donde le dan de comer. Esa zona, al anochecer, es dónde más animales salvajes pueden verse en poco tiempo. En concreto, en la parte alta de la posta que baja hacia Cal Borni.

PATOS
La relativa lejanía de las zonas de marismas del Prat de Llobregat no es obstáculo para algunas parejas de patos (ánade real). Merodean por la laguna situada entre Rubí i Valldoreix, o incluso por la pequeña alberca de Cal Madri (Sarrià). En cambio, rehuyen de masas acuáticas sin fácil escapatoria (como el pantano de Can Borrell), en valles recónditos y estrechos. Su versatilidad en artes de vuelo es enorme. Pueden huir rápidamente al ser sorprendidos por alguien que se acerque a ellos sin sigilo. Por desgracia, algunos cazadores insensibles diezman las escasas poblaciones de estas aves acuáticas.

SANGUIJUELAS
En ambientes acuáticos como las pequeñas pozas del Torrent de Tresserres, llama la atención la presencia de pequeñas sanguijuelas. También se han hallado en alguna fuente (Beca). Aparte, pueden haber sido introducidas en aquel torrente, y en otros, algunas especies de tritones, amantes de las aguas limpias. Lo cierto es que hace unos treinta años destacados especialistas no habían podido hallarlos, mientras que diez años más tarde llegaban a ser abundantes.

EL CAIMÁN
No tan inofensivo parece ser el caimán que recientemente se capturó allí (2006) pero que hacía ya tiempo que había sido observado en este pantano. No es tan agresivo como los cocodrilos pueden ser, pero algo de daño pueden provocar aún siendo de talla joven como el capturado.

SERPIENTES
El Pantà de Can Borrell es un hábitat idóneo para albergar algunas especies endémicas de peces. Cuando está lleno, incita al baño. Éste puede ser una aventura mayor de la esperada si comprobamos que nos acompañan algunas serpientes acuáticas. Las Natrix son inofensivas.
Las grandes serpientes (Malpolon monspessulanus), de unos 4 m de longitud, gustan de los regazos soleados. Hacia 1957-59, una pareja solía tomar el sol detrás del monasterio de Pedralbes. Los niños de 3-5 años no nos asustábamos, al contrario, esperábamos con deleite llegar al lugar para alegrarnos de su presencia y quizá alegrarlas a ellas con la nuestra. De mayor, en cambio, me asusté, en los 1990s, cuando una de estas serpientes bajaba lentamente una ladera herbosa sobre la carretera de las aguas, al pié de la ahora escuela judicial, y aceleró para pasar fulgurante por en medio de mis piernas. Hay años en los que las serpientes medianas y pequeñas son muy abundantes. Llegan incluso a hacer acto de presencia en el huerto y el garaje de Cal Mandri (en Sarrià). Por suerte no hay víboras en Collserola. Pero, alguna vez la mordedura de la Elaphe escalaris ha resultado muy dolorosa. A pesar de la prohibición de matarlas, alguien se dedicaba a fabricar cinturones con sus pieles (curtidas con sal). Así, ha mermado mucho el número de serpientes.

Los personajes
A pesar del gran lapso que desplazó a la monarquía de España, mi generación ha oído hablar de la visita de Alfonso XIII a las tiendas de Sarrià, para preguntar el camino hacia el palacio del marqués de Sentmenat, y ha visto, medio camuflado, a Juan Carlos I, su nieto, practicando ciclismo en la carretera de las aguas. La reinstauración de la monarquía ha conllevado el levantamiento del tabú de los rascacielos (que favorecía el predominio glorioso de la capital del reino), y una aparente democratización de la gestión de los espacios naturales. Durante la transición, hubo un periodo de descontrol en esta gestión. Después, quizá el control se ha hecho ya excesivo. Personalmente, Juan Carlos I parece muy obsesionado por la seguridad, al menos a partir de los 1990s. Desconfía de los fotógrafos. Por él, o sin él, se corta la hierba alta (Hyparrhenia) de los márgenes de la carretera de las aguas, entre otras razones, para evitar posibles sustos por parte de los que allí pudieran esconderse. Hay una norma que obliga a mantener el espacio de 1 m, más allá de la linde de la carretera, limpio de vegetación, para prevenir posibles incendios.
En el extremo social opuesto, la huella de ETA es sigilosa pero aparente. Los más puros idealistas socialistas se han movido para garabatear levemente una pintada de un joven etarra, que se salió con la suya probablemente, y que reza así, en el Turó d’En Sagarra: “Lluch, cerdo socialista. ETA, mátalos”. Años después de la ejecución, y a pesar de múltiples súplicas, esto sigue allí. También un ministro centrista del interior quiso ignorar los hurtos de explosivos de las canteras de Sant Feliu de Llobregat, poco antes de algún atentado. Se han borrado, por otro lado, otras pintadas de ETA menos desagradables y hasta algo cómicas. En teoría, el ayuntamiento de Barcelona, al menos, ante la demanda de los propietarios, pone manos a la obra y hace borrar los graffiti. Creo que mi marcado acento catalán me ha ahorrado algún susto en diálogos casuales pero peligrosos con etarras. O es que mi destino me ha hecho tener suerte y no padecer ninguna agresión por parte de los etarras, pero sí por parte de gente aparentemente pacífica.
La seguridad no suele ser un peligro para la fauna y la flora, como lo son, por ejemplo, el cierre de pasos naturales o la construcción de edificios y vías. Pero los mismos agentes pueden poner en peligro a los naturalistas.
Halaga a los oriundos del macizo saber que alguien, como el Sr. Argente, haya vivido 114 años con salud, ocupado en el cuidado de una viña en Collserola. Por cierto, murió después de ser atropellado en el “desierto” de Sarrià. Su sobrino, (Xarau) deslumbraba por su energía, corpulencia y buen ánimo, en sus largos paseos por la carretera de las aguas y zonas cercanas, a veces, en bañador, hasta los cien años. Vivió sólo 102.
Se sabe que en la época de la segunda república (1930s), se practicaba ocasionalmente el nudismo en lo que ahora es el Parc de l’Oreneta. La sociedad naturista, en la época del “Dr.” Capo, habilitó una finca en Valldoreix para esta práctica en los 1960s. Recientemente, parece que hay un retroceso en este hábito. Hacia 1964 algunos adolescentes se bañaban desnudos en alguna de las lagunas situadas entre Rubí y Valldoreix (estanys dels Alous) pero en la actualidad la única que queda (reunión de las tres antiguas) contiene agua no muy limpia. Es bastante visitada por pescadores y/o gitanos. En Collserola, algún deportista puede buscar un rincón escondido para tomar el sol desnudo, o a veces, atreverse a quitarse toda la ropa y seguir montando en bicicleta, harto ya de pasar tanto calor. Sabemos que San Francisco de Asís se desnudaba en público también. Pero en el valle de Sant Just se le recuerda especialmente por otro asunto: su promesa cumplida. Agradecido por la hospitalidad de los habitantes de una masía, prometió que desde el cielo procuraría que en adelante siempre hubiera un “hereu” en la casa, para que no se perdiera el apellido. Y así ha ido ocurriendo estos últimos siglos desde entonces hasta la actualidad. Dos cipreses jalonaban la casa. Eso simbolizaba bebida y comida para los viajeros. Pero al santo, a quien, por cierto, los perros no ladraron, se le ofreció, además, cama para dormir.
En Collserola, la principal actividad de la gente mayor es la de buscar setas y espárragos. La de la gente joven, el deporte (jogging, ciclismo). El conocimiento de los mayores se filtra muy despacio hacia las generaciones siguientes. Un entusiasta conocedor del macizo es el Dr. Ignaci Mª Aragó Mitjans. Por sus estudios organizativos acerca de hospitales, conoce a arquitectos como Leopoldo Gil Nebot, afincado en la preciosa finca y reserva natural particular de Can Catà, y a Miró Sants (artífice también del Camp Nou del Barça y urbanizador de la antigua finca de los March en el Pie del Funcicular). Mantiene asimismo una comunicación viva con los órganos públicos de Sarriá y publica asiduamente sus artículos en “La Veu de Sarrià”. Acompañarle en sus paseos por Collserola, a sus más de ochenta años, resultaba casi temerario, pues su enorme optimismo le hacía despreciar riesgos de bulto. Vencerlos, era toda una hazaña. Pocas personas hay tan entusiastas como él, y tan poco “carcas” en Sarriá. Saludar efusivamente a todo el mundo que se encuentra en sus paseos es algo habitual en él. Alguien no tan entusiasta, pero con el magnetismo especial de los que han vivido un tiempo en un hospicio gobernado por monjas, fue el Sr. Josep Ferran Comas, amigo y famoso herbolario. Recordaba victorioso su estancia en una masía de Collserola para respirar el aire de los pinos y tomar el sol casi desnudo o desnudo, untado de zumo de limón y alcoholaturo de hojas de pino. Así se curó de la tuberculosis.
Otros ahora buscan el merecido descanso a la fama, a la vez que no quieren alejarse de Barcelona, como los cantantes David (Bisbal) y Xenoa. Pocas de entre las grandes ciudades tienen un ambiente natural tan diverso y protegido como esta ciudad.
El mundo rural y el urbano se ignoran mutuamente, como la familia del último zar y los historiadores y políticos. El zarvich Alexis sobrevivió muchísimos años a su doble ejecución. Viajó entonces hacia España para aprovechar la hospitalidad de Alfonso XIII. Sorprende la visión que tuvo, hacia los años 1970s de un OVNI, en la ladera encima de Vil•la Joana (Vallvidrera). Fuego, humo, seres humanoides enanos emergiendo por la escotilla y paseándose un rato por las inmediaciones, y más fuego y más humo después de su partida, estas son las escenas que describía con voz prendida. Los bomberos acudían, pero, tanto según su versión, como según la de otros que ha llegado a mí por distintas vías, se les avisó de que todo estaba ya en orden. La explicación del zarvich duraba muy poco, mientras que sus diatribas contra los que visionaban OVNIS podía durar muchísimas horas y se repetían año tras año. Quien conoce mejor que nadie la historia del macizo parece ser el Sr. Cristóbal Jordà Barreras, otro estudioso de los insectos, a quien conocí en unos cursillos botánicos y con quien colaboré en la operación de limpieza de desperdicios dejados en el bosque, llevada a cabo por escolares voluntarios y subvencionada por la marca Coca-Cola / Cobega. A él debo agradecer algunas de las informaciones generales.




El agua
Un capítulo especial es el del “cuidado” por parte de les administraciones del bien común que es el agua. La perforación del túnel del ferrocarril hasta Vallvidrera, desde Sarriá, conllevó, al empezar el siglo XX, la destrucción de varias galerías que había hecho horadar, según una versión, el conde de Queralt. Poco después, una sentencia judicial reajustó el reparto del agua cuyo caudal había trastocado mucho las obras, en beneficio de la compañía ferroviaria y en detrimento de los vecinos partícipes del conde. Muy pocos días antes del estallido de la guerra civil, la compañía se había comprometido a instalar una depuradora, ante la queja de los vecinos. Promesa, evidentemente olvidada. A finales de siglo, el ayuntamiento de Barcelona gestionaba la finca de Cal Estisores, de cuya alberca rebosaban las aguas residuales de la casa del guarda, hacia el torrente matriz de dos de los cuatro manantiales que abastecían a la canalización dentro del túnel. El mismo ayuntamiento gestiona el cementerio, cuyos residuos menos corruptibles son vertidos a escasos metros de estos dos manantiales subterráneos. Por otro lado, las religiosas de Nazaret no supieron o no quisieron evitar el vertido de gasoil, a través de las grietas de su depósito enterrado, al canal de agua del túnel, cerca de los dos manantiales más próximos a la boca SE del túnel. E incluso sobre las vías de bajada, dando lugar a que los trenes resbalaran sobre ellas, lo que se tuvo que corregir vertiendo cal viva sobre las vías. Durante lustros, la misma compañía, que había pasado a ser gestionada por la Generalitat, vertía residuos diversos (grasa espesa, botellas y desperdicios varios) al canal de agua potable. Al perforarse los túneles de la autopista, el caudal de la boca NW disminuyó muchísimo, al 1%, y la zona acuática del fondo del valle del Norte despareció, por el impacto directo de la obra. Cal Mestres, situada en la carretera de Vallvidrera fue legado por el insigne catedrático de medicina el Dr. Agustí Pedro Pons a la Universidad Central de Barcelona. En lugar de dar el sobrante del agua a los partícipes del caudal de la mina, como estaba estipulado, el conserje taponaba el desagüe del fondo para hacer ver que sobraba mucha agua por encima del repartidor. Dejaba sin agua a muchos vecinos, mientras ésta se aprovechaba allí para ducharse después de las reuniones internacionales de los directivos escogidos.
De las 44 minas que abastecían a Sarriá, muy pocas se aprovechan en la actualidad, ya sea por la opresión de la administración, ya sea por problemas técnicos con consecuencias económicas no aceptadas. El pantano de Vallvidrera abastecía, hasta los años 1960s a cientos de vecinos de Sarriá. La presa fue dinamitada, sin éxito, por el ayuntamiento de Barcelona, por considerarla un estorbo. Para evitar futuros atentados, los partícipes obsequiaron al ayuntamiento con una participación simbólica en acciones. Había corrido la voz de que los niños se ahogaban en el pantano por culpa de la vegetación acuática de sus orillas y de que todo el pantano era un peligro. El rumor no era más que una tapadera para esconder al delincuente: un guardia urbano ya jubilado que violaba (o simulaba que violaba) y asesinaba a algunos niños, echándolos después al agua para hacer ver cada vez que había sido un accidente. Por un desaguisado del alcalde Porcioles, se perdió el derecho de paso por el túnel, conocido como Minagrot, que pasó a servir sólo a partícipes de otras minas de Sant Cugat. Todo, a cambio de nada. Después, la tosca embozó las tuberías y cundió el desánimo entre los vecinos de Sarriá. Sin derecho de paso ya no se podían reparar las cañerías. A lo largo del siglo XX, la tendencia del ayuntamiento de Barcelona fue la de cerrar “por razones sanitarias” minas de agua, para favorecer el monopolio de Aguas de Barcelona. Por la misma regla, se han taponado con hormigón manantiales de riego para huertas, como el de la solana de San Pedro Mártir, por debajo de la carretera de las aguas.
El Dr. Turró, afortunadamente, no sucumbió a un atentado perpetrado seguramente por dirigentes municipales, cuando estaba en su despacho de Sant Fost de Campcentelles. Estaban escandalizados, a principios de siglo XX, por la temeraria propuesta del doctor de tener que clorar el agua potable para consumo de los ciudadanos a fin de evitar el cólera. Las cosas cambiaron y el ayuntamiento, a finales de siglo, le dedicó una avenida en el Pueblo Nuevo.
Una de las minas que casi se han perdido es la del Marqués de Castanyer. Probablemente es la que se origina en la cabecera de Bellesguard. El valle debe su nombre al palacio que el rey Pedro III, el fundador de la universidad catalana, poseía en la parte baja de la cabecera del valle. El acceso a la mina podía hacerse justo por debajo de la carretera de las aguas, por el vallecito más oriental. El tramo final es muy empinado. Si se rompe la linterna, en la oscuridad total, la bajada, de vuelta a la salida, es un reto superable; pero sumamente problemático. Un factor añadido es la baja temperatura del agua que discurre abundante por este tramo. Un consejo: bajar con la barriga tocando la roca. Pero ya no hace falta ahora este consejo, porque la entrada está tapiada y resulta impracticable.
El agua que la lluvia deja sobre el macizo, según mis cálculos, podría abastecer a 3 millones de personas con 50 litros diarios. Es casi increíble la teoría de los vasos comunicantes que llega a relacionar el subálveo de Collserola con el Pirineo. Ello podría explicar, sin embargo, que la Font de Cal Borni, a escasos 100 m por debajo de la cima del Tibidabo, mane con un caudal constante todo el año. A no ser que sea como resultado de un escape de las cañerías de AGBAR. Y también que los inviernos con mucha nieve en el Pirineo vengan seguidos de abundancia en los caudales de Collserola. Eso se notó mucho en 1996, creo, en el torrente de Bellesguard. Pero ahí sí que debió coinicidir con un gran escape de la tubería de la carretera de las aguas.



Accidentes
Algunas escenas de después de algunos accidentes de carretera parecen del todo incomprensibles. ¿Cómo puede un coche aparecer apaciblemente posado sobre unas zarzas al lado de la carretera, sin haber dejado ninguna mella en el guarda-raíl de la carretera? ¿Cómo puede un automóvil precipitarse desde el nivel más alto del cruce de la Ronda de Dalt con la Vía Augusta, hasta el más bajo, sin afectar al conductor? Otras desgracias, en cambio, parecen más predecibles. Una niña murió pocos días después de tragar agua muy sucia de una avalancha del caudal del Torrent de les Monges. La muralla de agua putrefacta se abalanzó sobre ella mientras cruzaba la calle para dirigirse al colegio del Sagrado Corazón. Pero esto no hubiera ocurrido si el cauce no hubiera sido taponado por ramas procedentes de la poda del jardín de las religiosas de Maria Inmaculada. No tengo claro el papel que pudo haber jugado la eliminación de la reja que se erigía a lo ancho del cauce cortando el paso y que poco antes de la crecida creo que fue eliminada en aplicación de la Ley de Aguas. Una tragedia que impresionó mucho al barrio del Peu del Funicular (Torrent dels Arcs) fue el derrumbamiento de un muro de contención que aplastó a los habitantes de una casita recién estrenada. No estoy muy seguro, pero creo que ocurrió en los años 1950s y otra vez en los 1980s. La umbría sur-occidental se llamaba de Les Fatjones, y, aunque no haya Hayas allí ya, las corrientes de agua subterránea siguen refrescando el fondo del valle. Los robles grandes parecen frenar tanto los deslizamientos de tierras como las desgracias esotéricas. Cuidado, pues, con cortarlos. Entre el Coll de la Vinyassa y el camino a la Torre de Miralluny, por encima de la segunda curva de l’Arrabassada en su descenso a Sant Cugat, había una casa ya en ruinas. Por encima de ella se hizo un desmonte en una franja de bosque para hacer pasar los cables de un tendido eléctrico de alta tensión. Los geólogos propusieron proteger la ladera con mallas especiales. Pero no sirvieron de gran cosa, al cabo de algunos lustros, pues el corrimiento de tierras pudo arrasar y cubrir por completo la casa mencionada.
La Rabassada es conocida por los episodios de la guerra civil. Allí se fusilaban a los reaccionarios, ricos, de derechas y cristianos. No busquen fosas comunes. Sus cuerpos servían de alimento, a las pocas horas, para los cerdos de una granja de Ripollet. El hambre apremiaba por doquier, excepto en el consulado ruso, situado en la avenida del Tibidabo. Allí los empleados se relamían entre champán, bombones y caviar. También se relaciona a la Rabassada con el casino, célebre por los suicidios de quienes allí se arruinaban. Pero más que sus ruinas, quedan hoy en día algunas plantas ornamentales mezcladas con la vegetación forestal circundante. Una anécdota poco conocida de esta zona cercana al Tibidabo es el descubrimiento de un pequeño cementerio infantil adosado a la torre de alguna señorita afectada por la tuberculosis de la posguerra. Al parecer, mandaba a los médicos secuestrar a niños para extraerles la sangre.
Hacia los años 1970s la guardia urbana multaba a los motoristas por circular por senderos estrechos en la zona declarada parque municipal. Los avisos de entrada al parque siguen siendo muy crípticos en muchos puntos. Pero la política de la guardia urbana, al comenzar el siglo XXI cambió mucho. Desacreditada la resolución del Parlament para impedir la circulación rodada por caminos de menos de 4 metros de anchura, la misma guardia urbana circulaba algunas veces a toda vela por caminos estrechos o polvorientos, sin poder prever el encontronazo con algún transeúnte o ciclista. Otro tanto hacían algunos bomberos, sin tampoco señalizar mediante la sirena su presencia.
Algunos idealistas que ahora tildaríamos de ecologistas, impidieron la tala de parte del bosque de la solana del Tibidabo durante la misma guerra civil de 1936-39, a boca de escopeta. Hacia los años 1970s, algunos pequeños sabotajes asustaron a constructores medio decididos a urbanizar alguna zona de la umbría. Y la presión democrática ejercida por los votantes de IC-Verds ha detenido la materialización de muchas obras en el cinturón de la zona del Parc, al empezar este siglo XXI. Por otro lado, algunos incendios parecen amenazas cumplidas por parte de personajes anómicos en lucha con la Iglesia o con el sistema. El fumador descuidado, sin embargo, parece ser el mayor causante de incendios. En los días de la guerra de la independencia, se alumbraban grandes hogueras a lo largo de las lomas con vistas a Barcelona, para dar a conocer a los sitiados el punto de abastecimiento de víveres. Y el monte no ardió. Durante muchos siglos, los incendios controlados y la actividad de los carboneros tuvieron un impacto controlado sobre al vegetación. ICONA propició el cierre de la circulación por muchas pistas forestales tanto para facilitar la práctica del deporte como para disminuir el riesgo de incendios. Aún y así, como los vehículos de servicios tienen acceso a estas pistas, algunos incendios son propiciados por trabajadores-fumadores con acceso oficial a la zona.
Los rayos no son un meteoro raro en Collserola. La torre de Norman Foster parece atraerlos desde muy lejos, a la vez que parecen proliferar más en la zona periférica a la de su influencia o donde puede “succionarlos”. La humedad del suelo, junto a un hilo conductor que salve mucha altura, es un buen cebo para los rayos. En Sarriá han caído en la torre del campanario, en una de la calle mayor, y en Cal Mandri (a 6 m del que escribe), por ejemplo. Las tormentas aceleran el crecimiento de las plantas y aportan nitrógeno, cuyos óxidos se visualizan en el espacio próximo al impacto del rayo, por ejemplo.
Pero también la ira humana parece disparar rayos, a veces. En Vallvidrera, en alguno de los años 1980s, se oyó una especie de trueno cuando una trabajadora del sexo abatió al proxeneta que presuntamente inducía también a la prostitución, y a la droga, a la hija de la homicida. Otros disparos mucho menos intencionados son los que recibían los traseros de algunos buscadores de setas los domingos o los jueves, por parte de cazadores despistados.
La lucha contra los accidentes y la violencia seguramente es más sigilosa. Yo mismo he aderezado caminos, siendo el remedio más bien poco que muy duradero. He dado ideas para el puente que cruza el funicular del Tibidabo, he propiciado el libre paso por la carretera de Les Aigües hacia la Font de la Mandra (Espulgues), y el empleo de cadenas (de cierre de caminos) más visibles. Por otro lado, he sido víctima del mal trazado de la senda que bajaba paralela a la vía del funicular del Tibidabo, y que ya se adecuó. El caminito bajaba derecho paralelo a la vía, pero súbitamente acababa en el vacío. Más que de la caída después del vuelo, debería quejarme del remiendo quirúrgico. Un malentendido inutilizó mi dedo meñique, al coser uno de los más afamados traumatólogos mi tendón extensor. Imagino que la idea de “no hay que coser el tendón” fue sustituida por algún traductor por la de “hay que coser el tendón”. También en la Biblia las traiciones de los traductores deben abundar. En cualquier caso, no recomiendo calzar sandalias para andar por Collserola, pues no resisten un frenazo brusco, por muy bíblicas que sean. Por otro lado, un corte más profundo, en otro dedo de la otra mano, debido a haber tomado prestada una herramienta (hoz) ajena y emplearla para segar Cola de Caballo, se solucionó perfectamente con azúcar, primero, y con arcilla de Collserola (Bellsolà) después.


Los olores
Collserola huele a óxido, por la importante presencia de óxidos de Hierro en sus pizarras. También huele a resina de Pino. Ocasionalmente huele a Retama, en el mes de Junio, o bien a Madreselva. En tiempos húmedos alternan los olores de cumarinas y de terpenos en las solanas y a propóleo en las umbías. Después del Hierro, el aroma más típica es la del Poleo Romano o Rebenterola (Calamintha ascendens). En algunas umbrías el olor dominante es el de propóleo, de las yemas de los árboles, especialmente al principio de la primavera. Con la reforestación, en las zonas arboladas puede dominar una ligera y molesta aroma a aflatoxinas, por los hongos que descomponen la pinaza. El olor de Brezo, o el polvillo que levantan sus ramas al rozarlas, resulta algo irritante, como tantas otras plantas alérgenas, más relacionadas con la actividad humana (malas hierbas, gramíneas, etc.). Hace unos años la fábrica de cemento de Montcada emplea el carbón de mala calidad del núcleo de la cantera y, de alguna manera, esto repercute en el olor a mercaptanos de la humareda que brota por su chimenea, a veces tan prolífica que llega hasta Granollers o hasta Sant Cugat. Eso ha sido objeto de burla denunciadora por parte de algún presentador de televisión, y de quejas formales firmadas por parte de miles de vecinos.


Los ruidos
Los ruidos de origen humano van aumentando independientemente de la normativa. El mismo ayuntamiento de Barcelona organiza fiestas nocturnas para sus empleados y mandos del partido ICV en la finca del Marqués de Sentmenat, a escasos metros del Parc. En el año 2002 el estruendo impedía dormir aún con las ventanas cerradas a algunos vecinos emplazados a más de 200 m de distancia, más abajo. Otro emplazamiento ruidoso, más moderado, es la misma cumbre del Tibidabo. No sería sorprendente para el sentido común tolerar esta algarabía diurna, a no ser por las prohibiciones de la normativa aplicables a los paseantes “sumisos”, ciclistas, etc., de proferir cualquier sonido innecesario.
Los jóvenes motoristas parecían haber declarado la guerra a la guardia urbana en la carretera de la Rabassada. Las multitudinarias competiciones siempre se llevaban a cabo en el mismo tramo de subida hasta el Tibidabo. Otro peligro contra el silencio serán los quads, que circulan a toda velocidad por pistas. Si por un lado es molesto su ruido, por otro, se agradece, pues es un buen aviso. El mayor peligro está para sus conductores, al volcar por alguna irregularidad inesperada del terreno.


La administración
La política de protección tiene tres niveles. El principal, por suerte, es el del sentido común, compartido normalmente por los vigilantes y por los denominados “usuarios”. Otro nivel es el teórico, redactado, al parecer, por payasos bastante sádicos. Por ejemplo, sólo se acepta, en el usuario, la actitud sumisa de paseante. ¿Habrá que dejarse matar o violar por los vigilantes? Y esa frase la pusieron porque poner “queda prohibido practicar sexo” les parecía demasiado poco liberal. Por otro lado, parece ser que no se acepta la reparación de un pinchazo de un neumático en el Parc, o pisar la hierba fuera de los caminos, en especial cerca del curso de los torrentes. En cambio, la autoridad puede arrasar de golpe toda la vegetación dentro y alrededor del cauce. El tercer nivel es más peligroso, y lo engruesan los guardias inconscientes con temeridades varias. “Yo soy la autoridad y puedo hacer lo que me dé la gana”. Así suenan literalmente sus declaraciones. Luego, en un nivel más concreto, hay algunas contradicciones curiosas. Por ejemplo, empezando a subir por la carretera de la Rabassada desde Sant Cugat, se encuentra un letrero que nos invita a adentrarnos hacia una zona que podríamos catalogar de semi-natural: “Adelante. Bienvenidos al itinerario de la Naturaleza. Pasad”. Así, pues, el paseante sumiso debería pasar e ir andando por la pista hacia delante. Pero a muy pocos metros otro letrero reza así: “Prohibido el paso. Propiedad particular. No paséis.” Nuestro paseante “sumiso” creo que quedaría colapsado como nuestros ordenadores. Pero, en contra de lo “esperable” nunca he hallado allí ninguna aglomeración de paseantes. Sendos letreros tienen otra réplica poco más adelante.
Los mapas distribuidos por el centro de información del Parc tienen algunos errores que incitan a seguir, animados por la señalización oficial, hacia caminos sin salida, cortados a bastante distancia por vallas infranqueables. Un ejemplo: el itinerario entre Can Cuiàs (Sant Feliu) y la zona de la fábrica de cemento de Can Farrés. Otro ejemplo: en Can Amigó, por aplicar la prohibición de pasar caballos y bicicletas, se pretende que éstos pasen por el camino principal hasta que encuentren el letrero de: “Propiedad privada. Prohibido circular. No pasar”. Otra incongruencia es la plantación “oficial” de árboles más o menos exóticos, o cuanto menos no naturales, en la zona del Parc, precisamente después de entrar en vigor la prohibición para hacerlo, redactada por la misma administración del Parc. Por un lado, se protegen especies introducidas, como el Tejo, y por otro se eliminan otros árboles “naturales” plantados con buena voluntad por voluntarios anónimos cerca de las fuentes. La jara Cistus ladaniferus se protege como si fuera oriunda del macizo, pero muy bien podría haber sido sembrada por el botánico CARLES PAU, alrededor de Can Ferrer. Luego fue poblando otros enclaves.
La descoordinación legal y ejecutiva es bastante grande, en especial en las áreas de litigio o competencia dudosa entre varias secciones. La misma creación del parque, sin atender, e incluso contrariando al procedimiento legal previo, englobando terrenos que no son propiedad de los ayuntamientos, parece una figura suspensa en el limbo. Por otro lado, la reacción ante la tala frustrada del Pi d’En Xandri, a finales de los 1980s, coordinó a muchos estamentos. Particulares en Sant Cugat ofrecían recompensa millonaria a informantes sobre la identidad del presunto agresor, que casi todos sospechan que fue un operario de la constructora Núñez y Navarro. El ayuntamiento de Sant Cugat tuvo su florido debate sobre el pino. La Generalitat intentaba moderarlo, pero el Parlament cortó por lo sano al final. Al poco de cambiar el siglo, redefinió los terrenos urbanizables colindantes como zona verde no edificable. Ha llovido mucho, pues, desde la época en que concejales franquistas de la división azul hacían cortar árboles monumentales centenarios por puro prurito estético (por ejemplo, el Olmo del Desert de Sarriá). O quien sabe si por favorecer a algún ebanista.
Algunos ayuntamientos siguen con la estrategia de catalogar una zona como no edificable o verde, para poder ser comprada por sus compinches, a sabiendas que rápidamente será de nuevo recalificada como edificable. Por otro lado, el ímpetu demoledor de edificios ilegales parece tener un tinte ecologista. Pero, en espíritu de justicia, habría que derribar también la ciudad sanitaria del Valle de Hebrón, pues se edificó enteramente sin permiso de obras del ayuntamiento. Se entiende que se hicieran los planos, hacia 1990, a toda prisa, para simular un acto de legalidad. Y se entiende que no la derriben. Pero no se entiende por qué ningún árbol de Collserola cuenta oficialmente con más de 100 años. ¿Será para evitar incurrir en delito si viene el caso de tener que talarlo, caso de que se establezca una norma para proteger árboles centenarios? Había un Roble milenario en Can Gelabert. Fue eliminado, creo que por considerarlo demasiado enfermizo. Pero ya no queda ningún otro así.
La gente muere y eso nos duele mucho a veces. Pero la sensación de haber visto una especie única de Roble y no poder re-encontrarla porque la administración ha cortado de raíz su único representante, eso da que pensar.
Algunos se levantan contra el capitalismo salvaje y destructor que quiere arrasar el bosque. Parecen seres ignorantes que están reñidos con el progreso. ¿O es que han leído las tesis de Abraham Lincoln? Es decir, pasado al lenguaje actual, la teoría Gaia, de que el planeta tiene sus recursos preparados para fastidiar a los que lo fastidien. Pero esos mecanismos suelen ser muy lentos; aunque, pasados cámara rápida podrían parecer el maremoto después de una retirada del mar que hace confiar a la gente más desprevenida.
El proyecto llevado a cabo episódicamente de deforestar por completo la cima del Tibidabo está acarreando una lenta pero creciente corriente popular en su contra. De un lado, sabe mal cortar encinas centenarias en estado óptimo, nada enfermizas. De otro, sabe mal que con los años la tala derive en un deslizamiento de tierras, por muchas mallas que se ponga ahí, con víctimas humanas casi seguro. Pero, por otro lado, se comprende la idea de llevar a cabo alguna locura para atraer al público infantil. Pero no sé quién es más infantil, si las autoridades irresponsables, o los niños amantes del riesgo sólo en su imaginación. La montaña rusa que se proponen instalar en la ladera levantina podría instalarse en la cima, en terreno llano, con menos peligro y sin que tener que cortar más que algunos pinos, esta vez sí enfermizos, aunque más resistentes a las nevadas que los sanos pinos vecinos. Mi padre me llevaba a las atracciones del Tibidabo cuando yo era pequeño. Parecía él darle más importancia o disfrutar llevándome ahí que yo mismo. Ahora recuerdo una voz del espíritu elemental de aquellas Encinas que me avisaba de que cuando fuera mayor me llamarían para que las salvara. Me asustaba más su aura negruzca, de desesperación religiosa, que su mismo mensaje, que ha resultado ser cierto.











Foto
Foto de la cima del Tibidabo, hecha por mi el día 4 de mayo de 2009.

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